martes, 17 de julio de 2012

Emocional



·                                 LUCÍA MÉNDEZ
·             LUCÍA MÉNDEZ: Emocional

·                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    Desde que Daniel Goleman publicara en 1995 el libro Inteligencia emocional, no hay escuela de negocios, empresa o colegio en el que falten estudios sobre la materia. El concepto ha ido evolucionando, aunque la base sigue siendo la misma: el coeficiente intelectual no es suficiente para manejar la vida. Es necesario saber administrar las emociones propias y aprender a ponerse en la piel de los demás. Es decir, que además de saber mucho sobre leyes, economía o informática, hay que saber cómo tratar a la gente.
Ha llegado, pues, el momento de que el presidente y todos los dirigentes del PP se apliquen a practicar el concepto de inteligencia emocional. Puede que hasta el momento lo hayan considerado una tontería más del pensamiento débil, pero ahora les es imprescindible para enfrentarse al sentimiento de frustración y angustia de la calle. La mayoría de los ministros tienen un coeficiente intelectual elevado y son personas de mérito. Pero eso ahora no les basta. Una vez que Rajoy ha pasado por el trago de reconocer delante de todos los españoles sus frustraciones y hasta su angustia por no tener el remedio de nuestros males, lo que necesita no es un asesor político, sino un spin doctor en inteligencia emocional. Y sus ministros necesitan ponerse en la piel de los perjudicados por sus leyes, además de empatizar mucho con el sufrimiento del presidente, que eso lo hacen muy bien.
El Gobierno tiene que aprender a manejar el enfado de las peluqueras, los taxistas, los empresarios, los funcionarios, los profesores, los médicos, los profesionales y las señoras de la limpieza de los ministerios. En suma, de todos aquellos que levantan la persiana todos los días para que España siga funcionando a pesar de la prima de riesgo y del Bundesbank.
No todos los ministros están igual de preparados para poner en práctica las enseñanzas de la inteligencia emocional. A Luis de Guindos, por ejemplo, le va a costar más porque viene del mundo del dinero, que como vemos a diario tiene el coeficiente emocional en números rojos. Pero la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría sí aplicó la empatía en la rueda de prensa posterior al último Consejo de Ministros. Sin citar a Churchill -cosa que le agradecemos porque lo de sangre, sudor y lágrimas ya cansa un poco-, encontró el tono adecuado para explicar que la situación es dramática y el Gobierno tiene que buscar dinero hasta debajo de las piedras. Sólo le faltó obligar a sus colegas de Economía y Hacienda a informar a los españoles en español y no en inglés al día siguiente. La razón por la que el Gobierno comete estos errores de bulto es un arcano. ¿Qué le costaría informar de todo lo que aprueba con transparencia? Si al final todo se sabe…
Al presidente le va a costar algo más porque la única inteligencia que valora es la que conduce a aprobar unas oposiciones. Sin embargo, existen investigaciones universitarias que demuestran que el éxito de las personas se debe en un 25% a las capacidades intelectuales y un 75% a las aptitudes emocionales.

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