lunes, 12 de noviembre de 2012



Salvamento bancario: última fase

La esperada carta llegó hace unos días al Ministerio de Economía y al Banco de España y, aunque en ella se advierte de que se trata de un calendario «tentative» (provisional), la noticia que contiene es lo suficientemente importante como para afirmar que la reestucturación financiera ha llegado a su fase final: El MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad) transferirá a partir del 7 de diciembre al FROB la cantidad solicitada para recapitalizar a la banca española.

La cifra final aún no se ha determinado, porque depende de la cantidad de activos que transferirán los bancos al Sareb (el antes llamado banco malo). Sin embargo, fuentes solventes aseguran que estará entre 35.000 y 40.000 millones de euros (3,5% del PIB y algo más de tercera parte del crédito acordado por el Eurogrupo, que contemplaba una línea de hasta 100.000 millones de euros). El 90% de esa cantidad se destinará a recapitalizar los bancos nacionalizados: Bankia, Catalunya Caixa, NGC y Banco de Valencia.

El trayecto de la ayuda europea será el siguiente. En primer lugar, el MEDE transferirá bonos del EFSF (el fondo de rescate europeo) por la cantidad acordada (más de 35.000 millones) al FROB. Posteriormente, los bancos nacionalizados procederán a ampliar su capital. Dichas ampliaciones serán cubiertas por el FROB mediante la aportación de los bonos del EFSF. Después, los bancos usarán esos bonos para canjearlos por dinero en el BCE.
El crédito del MEDE tendrá 11 años de carencia y el periodo de vencimiento estará entre 12 y 15 años. El tipo de interés el primer año será del 1,5%.
En paralelo, Sareb recibirá unas aportaciones de activos tóxicos -fundamentalmente, inmuebles- de 60.000 millones (de los que unos 50.000 se corresponden con activos inmobiliarios procedentes de los bancos nacionalizados). Esos activos que el Sareb comprará por 60.000 millones estaban valorados en los libros de las entidades vendedoras en 120.000 millones de euros. Es decir, que los compra con un descuento medio del 50%.

El Gobierno da por hecho que los grandes bancos (Santander y BBVA) anunciarán en breve su entrada en el capital de Sareb, que se elevará a 5.000 millones de euros. El resto, hasta los 60.000 millones que tendrá que desembolsar Sareb para la compra de activos tóxicos, se completará con una emisión de bonos de 55.000 millones con la garantía del Estado. Sin embargo, al ser el capital de Sareb mayoritariamente privado (el FROB quedará con menos del 50%), esa cantidad no contabilizará como deuda pública.

Sin embargo, el crédito del MEDE sí computará como deuda del Estado y los intereses devengados, como déficit.
Una vez concluida esta fase (que le habrá llevado al Gobierno más o menos un año), se podrá decir que el sector bancario español quedará totalmente saneado.
El coste final para el sector público no se podrá determinar hasta dentro de mucho tiempo, ya que, en una fase posterior, el FROB tendrá que vender al sector privado los bancos nacionalizados y, por otra parte, Sareb irá sacando al mercado los activos tóxicos comprados a los bancos. El precio final del salvamento bancario, por tanto, dependerá de a qué precios se vendan los bancos controlados por el FROB y los activos tóxicos adquiridos por Sareb.
Lo que sí se puede decir ya es que, entre el crédito del MEDE, la emisión de deuda de Sareb y el dinero aportado por las operaciones conocidas como FROB 1 y 2, la operación supondrá más de 100.000 millones de euros.
Este gigantesco rescate bancario ha estado lleno de dificultades, entre otras cosas porque el anterior gobernador del Banco de España retrasó en dos años la toma de las medidas quirúrgicas que necesitaba el sector. El Gobierno, tras dos decretos de saneamiento y capitalización de la banca y la intervención de Bankia, logró el pasado 9 de junio que los países más reticentes (Finlandia, Austria y Holanda) cedieran a la concesión del crédito de hasta 100.000 millones a la banca española en una dramática reunión del Eurogrupo.
Aunque el propio Memorandum of Understanding (MOU) firmado un mes después contemplaba que, «en caso de urgencia», las autoridades españolas podrían utilizar un primer tramo de 30.000 millones del crédito, cuando el Gobierno español solicitó 4.500 millones de ese tramo para inyectarlos en Bankia, se encontró con la respuesta negativa de Bruselas. Había todavía mucha desconfianza acumulada. El FROB tuvo que instrumentar un crédito puente por esa cantidad para salvar a Bankia.
El Gobierno ha tenido que someter al conjunto del sistema financiero a una exhaustiva radiografía, en dos auditorías capitaneadas por Oliver Wyman, que, en su informe de septiembre, estimó las necesidades de capital de la banca en casi 60.000 millones de euros.
Posteriormente, un grupo de expertos del BCE, Comisión Europea, EBA y FMI ha analizado uno a uno los planes de viabilidad de los bancos que recibirán el crédito del MEDE.
El Gobierno está convencido de que, una vez concluida esta fase de saneamiento y recapitalización, la banca española podrá acceder en condiciones normales a los mercados financieros. Una prueba de esa mejora es la ampliación de capital que ha puesto en marcha el Banco Popular, que no necesitará ayudas públicas para cumplir con las exigencias estimadas por Oliver Wyman.
Ese enorme esfuerzo tenía un doble objetivo: evitar la caída de un 30% del sistema financiero y lograr que el crédito empezara a fluir en la economía.
El Gobierno ha hecho todo lo posible por salvar el sistema financiero, como no podía ser de otra forma. Pero ahora tiene que obligar a los bancos a solventar el problema de los desahucios. Por ejemplo, impidiendo por ley que puedan perder su vivienda ancianos y discapacitados o dando plazos más amplios a los parados de larga duración. Si lo hace, los ciudadanos entenderán que el rescate a la banca ha servido también para ayudar a los más débiles.



domingo, 21 de octubre de 2012

Mas-Urkullu


·         VICTORIA PREGO
·         21/10/2012
·         El pacto del exprimidor

Éste es el momento propicio para echar el resto, para intentar poner de rodillas al Estado y sacarle a España hasta los hígados en términos económicos y también políticos. Un momento de mayor incertidumbre, de mayor fragilidad combinada no se había producido en los últimos 70 años. Primero, porque bajo la Dictadura todo atisbo de apuesta independentista habría sido ahogado por la fuerza. Y después, porque durante el tiempo de la Transición política no se habría entendido otra cosa que una apuesta unánime y conjunta por levantar un sistema democrático y por integrar a España en Europa. Pero ahora es distinto, ahora sí creen los nacionalistas que pueden hacer su apuesta final, porque ahora la dimensión de la crisis y la inestabilidad de los acuerdos con Europa ha debilitado dramáticamente la fortaleza moral del país y su esperanza en un futuro mejor.
Por eso los dirigentes de CiU, de siempre más cautos que los del PNV, y que venían manteniendo hasta ahora un tono bajo y pactista, se han lanzado a retar al Gobierno. Lo han hecho en mitad de su legislatura, cuando todos los problemas de su comunidad están abiertos en canal y sin que sus gobernantes hayan presentado perspectivas de solución. Lo han hecho sin justificación y por sorpresa, pero no sin razones
Lo han hecho cuando han tenido claro que un pulso fuerte y bien sostenido podía darles los réditos con los que siempre han soñado y que culminan con esa «voluntad de ser» de la que sigue hablando Jordi Pujol, una frase vacía de sentido cuando se vive en democracia y libertad, como viven desde hace décadas los españoles.
Y han pactado con los nacionalistas vascos para hacer la pinza que ahora mismo, justo ahora, podría ofrecerles la ocasión de sacarle todo el jugo a esta España empobrecida y que lucha a brazo partido por no perder todavía más, y definitivamente, su prestigio ante el mundo.
Lo único sorprendente de este acuerdo entre Iñigo Urkullu y Artur Mas, cuyo contenido se había mantenido secreto hasta ayer, haya salido a la luz justamente la víspera de las elecciones vascas. La noticia de que PNV y CiU han pactado para apretar juntos y pasar a España por el exprimidor hasta que acabe declarándose -o, vistos los métodos, acabe confesando- que es un Estado plurinacional no va a favorecer electoralmente a Urkullu. Quizá tampoco le perjudique en exceso, pero la noticia ha permitido a la oposición airear en el último día de campaña la realidad de las intenciones del candidato vasco.
Ni él ni Mas quieren la independencia. No les conviene. Lo que quieren es una dependencia independiente, un Estado libre pero asociado, que les permita seguir disfrutando de todas las garantías que ofrece la pertenencia a un Estado internacionalmente reconocido, pero ninguno de los inconvenientes que esa pertenencia lleva aparejados, sobre todo cuando el dinero escasea y los mercados aprietan.
El tiempo que tarden uno u otro en hacer su apuesta final es lo de menos. Artur Mas ha lanzado ahora un órdago verbal porque lo que busca de aquí a un mes es una mayoría absoluta, y con eso ya se arregla de momento. Luego administrará ese mismo órdago y lo traducirá en hechos, o no, según vea que se debilita la posición del Gobierno y la del resto de los españoles. Urkullu, no. Urkullu quiere estabilizar primero su comunidad y, como Mas, ya lanzará su órdago político cuando compruebe cuántas y de qué calibre son las brechas que se han abierto en los muros del país y de la Constitución.
De momento, ya podemos dar por hecho que la campaña internacional que los independentistas de Mas van a emprender para explicar al mundo que esta España que se dice tan democrática prohibe que se consulte al pueblo, va a encontrar la hospitalidad de muchos oídos.
Es lógico. Los países que no padecen amenazas secesionistas no entenderán tampoco que en el nuestro se intente prohibir una acción tan aparentemente limpia y democrática como la celebración de una consulta popular ante las urnas. Encontrarán aliados.
Por eso es imprescindible que el Gobierno se dedique a la tarea y ponga en marcha un esfuerzo ante el mundo aún más intenso y al más alto nivel. No se trata tanto de exponer la amenaza que una convocatoria así supondría para la integridad territorial del país, porque es harto dudoso que en ese hipotético referéndum ganaran plenamente las opciones secesionistas. Se trata de explicar con todas las complejidades técnicas y jurídicas, pero también con todas las consecuencias políticas e históricas, lo que la sola celebración de ese famoso referéndum de autodeterminación supondría para la España constitucional.
Si ahora mismo se produjera un milagro, si la canciller alemana aplaudiera la concesión del crédito a la banca sin condiciones y sin computarlo como deuda; si las agencias de calificación devolvieran a España a la categoría de AAA+; si el paro disminuyera, empezaran a crearse puestos de trabajo y el crecimiento económico apuntara de nuevo con fuerza, el independentismo se desinflaría como un globo.
Tradicionalmente ha sido así: los nacionalismos siempre han crecido en Europa cuando los Estados han sido débiles. Con una excepción: la España posfranquista, en la que la democracia nueva les reconoció un papel de honor y les hizo un sitio de privilegio en la Ley Electoral. Por eso, durante todos estos años en los que el Estado ha sido fuerte, el independentismo no ha pasado de ser testimonial. Sólo en el País Vasco, donde el terrorismo trastocaba todo planteamiento político, tuvo un cierto peso real. Pero no éxito.
Pero de aquí a los próximos años, y mientras España no recupere su fortaleza, el asedio va a ser intenso y constante. Hay que tenerlo muy presente y no confiar.Final del formulario

lunes, 1 de octubre de 2012

La ¿democracia? asamblearia y Joaquín Leguina


El reino de la demagogia

Joaquín Leguina Herrán
28/9/2012, 11:22
Los griegos ya habían constatado que la democracia directa conducía al imperio de la demagogia. Hay a este respecto una historia ilustrativa y trágica:
La batalla de las islas Arginiusas fue la última victoria naval de Atenas en la guerra del Peloponeso. Aun así, se perdieron doce trirremes con sus tripulaciones porque un violento temporal impidió su rescate. En la Asamblea, los demagogos se apresuraron a lanzar contra los estrategas victoriosos el dolor generado por aquellas muertes y la Asamblea, presa de la histeria, los quiso juzgar, pero se negó a juzgarlos individualmente, como exigía la ley. Sólo unos pocos, entre ellos Sócrates, se opusieron al clamor popular, pero en vano. Cito a Jenofonte:
»Luego condenaron por votación a los estrategas que participaron en la batalla naval, que eran ocho. Fueron ejecutados los seis presentes. Poco tiempo después los atenienses se arrepintieron y votaron que fueran juzgados aquellos que engañaron a la Asamblea.
A impulsos de la pasión popular, Atenas sacrificó injustamente a los generales que le habían ganado una batalla decisiva.
La democracia moderna, que hunde sus raíces en la Ilustración, en la Declaración de Virginia y en lo mejor de la Revolución francesa, nunca creyó en el mito de la democracia directa, imponiéndose el sistema de la delegación. Los electores, al elegir a sus representantes, delegan en ellos, reservándose el derecho de deponerlos o ratificarlos cada cierto tiempo. Pues bien, metidos en la crisis y en el sufrimiento social, los demagogos se mueven hoy como pez en el agua y no sólo reclaman la “democracia directa” sino que quieren la aplicación de una justicia expeditiva: “Matadlos a todos, que Dios escogerá a los suyos”.
En medio de la protesta se oyen ya las voces de los demagogos. La negación del razonamiento y el imperio de la violencia (de momento, sólo verbal).

sábado, 29 de septiembre de 2012

LA GUERRA DE TROYA


Introducción

Hace ya muchos años leí por primera vez “La Iliada” y hará unos veinte la leí por segunda vez. En ambas disfruté mucho y en ambas me quedaba un poco en el vacío, como equilibrista en un cable que atraviesa las cataratas del Niágara, porque me faltaba un armazón en el que situar este maravilloso poema épico, padre de toda la poesía. Todo el poema es como un verso suelto si no tienes un conocimiento un tanto preciso de quiénes son los personajes, porqué empezó todo eso e, incluso, cómo acabó. 

Juan Adán: "Príamo con Aquiles"
La primavera pasada tuve la fortuna de leer unos comentarios de un autor inglés (no podía ser de otra manera) a los versos de “La Iliada” que narran el dolor de Príamo ante la muerte de su hijo Héctor y la tensión y emoción de su diálogo con Aquiles autor de la muerte de aquél.

Pensé que la emoción que me causaba su lectura debía compartirla con alguien, especialmente con mis hijos, pero, pensé, ¿no será un tanto pretencioso por mi parte?. Seguro que no han leído “La Iliada” y voy a pasar por un pedante. Y me callé.

Pero el run-run seguía en mi cabeza y este verano, en Villafranca, pensando en animarles a ellos y la la primada de los veintisiete, me propuse redactar unos pocos folios para situar “La Guerra” en la compleja y extraordinaria historia de los Dioses. Quizá si sabemos cómo empezó la historia más grande y jamás mejor contada nos animemos a leerla. Sería para mí un gran premio y para el lector una gran fuente de gozo.

1.- Boda de Peleo y Tetis

Gaston Bussiére: Las Nereidas

En la Tesalia meridional vivía un pueblo conocido como los mirmidones por ser descendientes de Mirmidón, a su vez descendiente de Zeus, el más grande de todos los dioses. Allí reinaban Éaco y Endeis quienes fueron padres de Peleo.

Peleo, antes de su boda, era ya un reconocido héroe que había conquistado el reino de Ftía y participado con Jasón en el viaje de los Argonautas en busca del vellocino de oro. Pero ¡ay! los viajes son peligrosos y Peleo cayó rendido de pasión ante los encantos de Tetis, una de las cincuenta hijas de Nereo que habitaban el Mediterráneo y deleitaban a quienes tenían la fortuna de verlas y disfrutar de sus canciones y sus danzas.

Tal fue su pasión que tuvo que casarse con ella. Sus padres prepararon la boda que se celebraría en la Cueva de Quirón y, como era costumbre entonces, invitaron a casi toda la nobleza griega y a casi todos los dioses del Olimpo que eran unos cuantos, PERO no habían invitado a Eris, la diosa de la discordia porque, como es natural, era una mujer francamente antipática.

Fréderic Leighton: "El Jardín de las Espérides"
Eris, enterada de los fastos de la boda y de que ella no estaba invitada, monta en cólera y jura terrible venganza. Se fue a las lejanas montañas del Atlas, en los confines del África, donde había un jardín maravilloso cuidado por bellísimas ninfas, el Jardín de las Hespérides, entre cuyos árboles había uno que daba manzanas de oro. Consiguió una y grabó en ella lo siguiente: Para la más hermosa.



Vuelve rauda a Tesalia y, entrando en la cueva de la celebración, se encuentra reunidas a Hera, hermana y esposa de Zeus, Atenea, hija del mismo padre de los dioses pero no de Hera, y Afrodita, nacida de la espuma del mar, paradigma de la belleza y diosa de la lujuria y el deseo carnal. Todas ellas, como es natural, se creen la más bella, exactamente como la madrastra de Blancanieves. Eris, repetimos que diosa de la discordia, arroja la manzana de oro en medio de las tres damas y…

Para qué vamos a contar la que se organiza entre las tres. La disputa llega a tal grado que tiene que intervenir el mismísimo Zeus quien, en absoluto dispuesto a hacer de juez en pleito tan espinoso, decide que sea Paris quien tome la decisión de para quién habría de ser la manzana de oro, o, dicho de otro modo, quién era la más bella de las tres deidades.

2.- Paris y Troya

Mapa de la región de Troya
Troya era una magnífica ciudad que, a la entrada del estrecho de los Dardanelos, controlaba una grandísima parte del comercio del Helesponto, hoy Mar Negro. Hoy todavía se pueden ver las ruinas de las siete ciudades que hubo en el lugar, una encima de otra.


En la época de la que hablamos, siglo X a.C., reinaba allí desde hacía largo tiempo, Príamo, casado a la sazón con su segunda mujer, Hécuba, mujer de armas tomar, de la que tuvo cincuenta hijos (no debían hacer otra cosa). Quedémonos con los nombres de Héctor, Paris y Casandra.

Estando embarazada de Paris, soñó que daría a luz una antorcha que incendiaría la ciudad de Troya. Consultados los oráculos, Príamo decidió hacer morir a su hijo y ordena a su criado Argelao que abandone a la criatura en el monte para que sirva de pasto a las fieras. Apiadado Argelao por el horroroso destino de la criatura, decide criarlo como si fuera su hijo. Crece con el nombre de Paris, guapo y fuerte y bien dotado para las artes de la música.
Enrique Simonet: "El Juicio de Paris"
Y aquí volvemos a nuestra historia. El porqué Zeus decide que sea precisamente Paris juez en la disputa de la manzana de oro no es cosa sabida, pero sí que encarga a su mensajero Hermes lleve a presencia de Paris a las tres deidades. Paris, que no hacía mucho más que tocar la flauta y retozar con las ninfas a su alcance, se debió de quedar verdaderamente impresionado, tanto que ha sido motivo de representación en los mejores pinceles de la historia del arte.


Pero las princesas, además de traviesas, eran tramposas y, cada una en secreta confidencia con el juez (tal que Garzón) le hacen promesas para torcer su voluntad. Hera le promete ser soberano del mundo, Atenea ser invencible en la guerra y, finalmente, Afrodita prometió entregarle a Helena, la más bella mujer del mundo de los hombres (del otro mundo era ella misma, excusado es decir).

El joven, como es natural de tal condición, se inclinó por la tercera tentación y Afrodita, encantada, se erigió de ahí en adelante en su protectora. Las otras dos minusvaloradas diosas, heridas en lo más profundo de su soberbia coquetería juramentaron terrible venganza.



Máscara funeraria de Agamenón
3.- Helena y Clitemnestra y Los Atridas

Se conocen como los atridas a los hijos del rey de la ciudad de Micenas Atreo, de la estirpe de Tántalo, hijo de Zeus, y protagonista de historia tan horrible que fueron él y su descendencia malditos para siempre. No la vamos a contar aquí, pero sí, porque atañe directamente a nuestra historia, que sus hijos, los atridas, se llamaban Agamenón y Menelao.

Micenas: "Puerta de los Leones"


La ciudad de Micenas, a tres días de marcha al suroeste de Atenas, fue muy próspera en su día, al punto de que hoy todavía podemos disfrutar de los restos de la cultura micénica y hacernos fotografiar en la afamadísima Puerta de los Leones.

Por circunstancias ajenas a nuestra historia, Atreo es asesinado, el trono de Micenas usurpado y los atridas expulsados de su tierra. Andando por la que no era suya llegan a Esparta donde son recibidos con la honra que se merecen por el rey Tindáreo y su bellísima esposa Leda actores de una increíble historia que es preciso narrar, más por la historia en sí que por lo que atañe a la nuestra (que también).



Giovanni Rapi: Zeus y Leda
El caso es que a Zeus se le alegraba mucho el ojillo con las mujeres guapas y viendo un día a Leda recién casada y casi adolescente paseando por un río, se le acercó en forma de cisne fingiendo ser perseguido por un águila. La joven Leda le dio permiso para que se posase sobre ella cosa que hizo Zeus al punto. Esa misma noche, Tindáreo requirió a su esposa con gran ardor y gozo y ocurrió que la bellísima Leda quedó encinta de ambos y de ambos por duplicado, de modo que de Zeus tuvo los mellizos Pólux y Helena (nuestra protagonista) y del rey, su marido, a Cástor y Clitemnestra. Los hermanos varones, Cástor y Pólux, correrán muchas historias juntos y serán conocidos por el sobrenombre de los dioscuros.

Van pasando los años y cuando llega la edad de casarse, las hermanas tienen muchos pretendientes, especialmente Helena, atraídos los pretendientes tanto por la fama de su gran belleza como porque ella y su esposo serían los futuros reyes de Esparta. La llegada de los atridas fue providencial y los reyes organizan unas bodas estupendas casando a Agamenón con Clitemnestra y a Menelao con Helena.



4.- Paris en Esparta

La Grecia de entonces era una multitud abigarrada de ciudades, unas en el continente europeo, otras en la Magna Grecia, es decir, península de Anatolia y, en medio, el Egeo con tantas islas como se pueda el lector imaginar. Entre ellos competían, guerreaban, comerciaban, se casaban y, en fin, lo normal en cualquier relación de vecindad. Príamo, rey de Troya tiene que intervenir en alguna negociación política en Esparta y, ya mayor para viajes, decide enviar a su hijo Paris en su lugar.


Anónimo: "Paris y Helena"
A Esparta llega Paris donde fue recibido de acuerdo con las más exquisitas reglas de la hospitalidad por el rey Menelao y su bellísima esposa Helena. Afrodita, que aparte de matar moscas con el rabo, tenía una deuda pendiente con Paris, arregla que Menelao tuviera que ausentarse viajando a Creta para asistir a los funerales de su abuelo.




Paris era fuego y Helena estopa (de Esparta, por cierto) y Afrodita viene y sopla y pasó lo que no tenía que haber pasado: ambos se rinden a la pasión más desatada que los tiempos vieran. No hubo rapto de Helena, sino un mutuo rapto de corazones y voluntades, de modo que ambos deciden darse a la fuga, embarcan y ponen rumbo a Troya llevándose, por cierto, el tesoro de Elena lo que estaba muy feo porque eran las arras entregadas a su marido.

5.- Comienzo de la Guerra

Al volver Menelao de Creta y descubrir la doble traición monta en cólera y recaba ayuda de toda la Grecia. Los jefes respondieron que se hallaban dispuestos a atravesar el mar y reducir a cenizas la poderosa ciudad de Troya. Mil naves se reunieron en Aulide, famosa ciudad portuaria a una veintena de kilómetros al sureste de Tebas y lugar de fuertes vientos y mareas peligrosas.


Pietro Negri: "Sacrificio de Ifigenia
El furioso viento del Norte no amainaba porque la diosa Artemisa estaba cabreada y, según el adivino, la única forma de calmar el viento y asegurar a la flota una feliz travesía hasta Troya era apaciguar a la diosa sacrificándole una doncella de estirpe real, Ifigenia, hija mayor del comandante en jefe Agamenón. Este holocausto, propio de los pueblos semitas, pareció horroroso a todos y para el padre casi insoportable. Una vez más se hacía carne la terrible maldición de los atridas y el atrida Agamenón cedió al fatos familiar. Estaban en juego su prestigio ante todo el ejército aqueo (griego) y su ambición por vencer a Troya y glorificar a Grecia.

Ella murió, el viento del Norte amainó y las naves griegas surcaron el mar sereno. Pero el cuantioso precio pagado acarrearía un día la desgracia a todos.

Grecia en tiempos de la Guerra de Troya

Los mil navíos transportaban una verdadera multitud de guerreros. La armada griega era muy poderosa, pero no parecía serlo menos la ciudad de Troya. Alrededor de 50.000 soldados dirigidos por Agamenón y Menelao, apoyados por 42 Héroes y 5 Dioses Olímpicos frente a 30.000 soldados troyanos luchando protegidos por espesas murallas, 41 Héroes y 6 Dioses Olímpicos.



Y aquí acaba mi historia. La siguiente, la buena, la auténtica, la podréis leer en ese hermosísimo, terrible y emocionante poema conocido en todos los tiempos por “La Iliada” del que os transcribo los primeros e inmortales versos: 


 Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles,
 cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos
 y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes,
 a quienes hizo presa de perros y pasto de aves.















jueves, 23 de agosto de 2012

Del "feminismo" bien o mal ¿entendido?

Me pega lo normal

Diario EL MUNDO de hoy.

UNA RIHANNA, cantante pop, ha dicho que ama al que le pegó una buena paliza, un Chris Brown que fue juzgado y condenado por ello. Las palizas no son incompatibles con el amor, al menos con el amor proclamado. Hay gente que, igual que juega a médicos, juega con el sufrimiento. Pero en este caso no hubo juego, y la mujer denunció la conducta del hombre. Al que no ha dejado de amar, insiste. Su confesión redunda en un asunto escabroso. Muchas mujeres son asesinadas porque no son capaces de alejarse de sus maltratadores. Sus muertes tienen un aire vago de suicidio y de sobredosis. Hay mujeres que siguen con su hombre a pesar de que las mata. Otras, porque las mata. No sucede nada demasiado distinto con la heroína y el alcohol. El feminismo ha querido convertir la conducta sometida de algunas mujeres en un asunto político, haciéndolas víctimas del macho. Pero lo cierto es que estas mujeres, equipadas socialmente con todo lo necesario para huir del peligro (y lo principal: los dinerillos), son, ante todo, víctimas de sí mismas. Se trata de mujeres que no son normales. Y utilizo este adjetivo de una manera libre, tranquila y desenvuelta, porque el adjetivo normal, después de haber estado recluido durante años en los campos de concentración del politicalcorrectness ha vuelto triunfante ¡y normalizado! gracias a monsieur Hollande, el presidente normal, es decir ce qui ne souffre d'aucune trouble pathologique.


Rihanna es una pobre chica enferma que ama a su maltratador. Digamos, sin apartarnos ni un ápice de la semántica legitimada por monsieur Hollande, que Rihanna es una pobre chica subnormal. Los periódicos pueden recoger declaraciones de personas que sufran este tipo de patologías; pero con la severa condición stendhaliana de que solo sirvan para mostrar la patología. Lo relevante y veraz no es lo que Rihanna dice sobre el amor y la violencia, sino que Rihanna es una enferma. Por desgracia, el tratamiento que los medios dan a sus declaraciones es puramente romántico. Las mismas crónicas que escarbando sobre los hechos con las pinzas del deontólogo eluden incluir referencias a la responsabilidad del alcohol (¡no fuera a ser un atenuante!) en los crímenes de pareja vulgares, se empapuzan de ambigüedad sobre la relación entre la violencia y el amor cuando la víctima no es una cincuentona ama de casa de Albacete, que lo perdonó, sino una top pop. Ya no se trata de la sórdida enfermedad de la dependencia; sino del libérrimo y fértil amourfou. Y me escandaliza que frente a estos relatos el fiscal feminista calle, también sometido. Y no pida, al menos, el inmediato procesamiento de la protagonista, por apología de la violencia y de la droga.

lunes, 23 de julio de 2012

"El gran sacrificio". Carlos Cuesta en EL MUNDO

ALEMANIA NO cede. El BCE no nos da dinero. Los malvados mercados no perdonan. ¿Es que no ven nuestro sacrificio?
Déjenme que responda a esta cansina letanía con un evidente no. Porque nuestro sufrimiento, exactamente igual que a nosotros el suyo, no les importa lo más mínimo. Porque nadie financia a nadie por lástima, sino por el deseo de un beneficio. Y porque resulta patético que nuestro último recurso sea el victimismo argentino.
Nuestro sacrificio, plasmado en una sangría de impuestos de 34.419 millones a una población machacada por el paro, mientras la Administración limita a 27.000 millones su recorte, es nuestro problema. No el del resto. Y lo es porque nuestros gobernantes han convertido en líneas rojas las verdaderas partidas de gasto: el esquema territorial, la invasión política en la economía y el supuesto Estado del Bienestar.
No ha sido Alemania quien ha dotado un fondo de 18.000 millones para las autonomías tras exigir a las regiones un recorte de idéntica cuantía. Ni ha sido Finlandia quien ha decidido mantener la farsa de la sostenibilidad de las pensiones inyectando 6.683 millones procedentes de impuestos para esconder la quiebra del sistema. Ni ha sido el BCE quien ha preferido elevar el pago de intereses en 9.114 millones, antes que amoldar las prestaciones políticas, sanitarias y sociales a la realidad de nuestros recursos.
¿Cómo podemos quejarnos cuando ni un Parlamento ha recortado el número de políticos, cuando no se ha despedido a un funcionario, ni cerrado un aeropuerto, ni una televisión pública, ni el Senado, ni un hospital, ni se han agrupado colegios, ni se han integrado municipios, ni se ha vendido un sólo inmueble público.
No pidamos dinero. Pidamos valor: a nuestros políticos y a nosotros mismos. Valor para construir una sociedad donde el trabajo se premie y la vagancia se castigue. Y si no tenemos valor, al menos dejemos de dar pena llorando en público.










jueves, 19 de julio de 2012

"Irás y no volverás" de Victoria Prego


Las costuras del Estado de las Autonomías estallan por todas partes ahora que se ha acabado definitivamente el dinero con el que regar la molicie en la que hemos estado viviendo.
Lo que ha hecho el presidente de la Generalitat ha sido llamar a la rebelión. Ha invitado a todos los dirigentes autonómicos a pararle los pies al Gobierno, a resistirse a las medidas dictadas desde Madrid, a no aplicarlas o a paralizar sus decisiones recurriéndolas ante el Tribunal Constitucional con el argumento de que invaden sus competencias.
Y lo ha hecho porque puede, porque en esta España descoyuntada es perfectamente posible traducir en hechos una convocatoria de esta naturaleza. Esa es la realidad en la que tiene que actuar un Gobierno español -éste o cualquiera- que puede tener una sólida mayoría parlamentaria pero nunca llegará a tener en sus manos las riendas del país.
En lo dicho ayer por Artur Mas en el parlamento catalán está la clave de la profunda debilidad de esta distribución del poder político que, legislatura tras legislatura, hemos ido considerando lo propio de una democracia tan avanzada y tan requetemoderna como la nuestra.
Un modelo por definición inacabable, el adjetivo que tantas satisfacciones ha proporcionado a los sacerdotes de la descentralización infinita, a las vestales de la cesión de competencias por la vía de irás y no volverás, a los adoradores de una supuesta dignidad política que, sin que nadie se haya atrevido durante años a discutir tal dogma, sólo podía mantenerse viva si era alimentada a base de autonomía y más autonomía. Cuanta más mejor.
Y este es el resultado: no sólo está Cataluña con sus amenazas. Está también Andalucía, que ha decidido no bajar el sueldo a sus funcionarios porque ya les tiene que quitar una paga extra. Y está Asturias, y el País Vasco, y Canarias, que pondrán unas medidas en marcha y otras no, según les cuadre. Y están algunas del PP, que también se han revuelto contra el Gobierno aunque no han llegado a desobedecerle.
Esta es la España real, la que se ve desde los mercados y desde los centros de poder de la UE. Es un paisaje nacional atravesado de grietas. Con esa fotografía, es de ilusos exigir confianza a los demás. No damos motivo.
Y lo grave no es que se critiquen las decisiones del Gobierno. Razones hay de sobra para hacerlo, por sus torpezas, sus descuadres clamorosos como el de hoy, y sus nulos resultados.
Lo grave es que, por acertadas que éstas fueran, España no puede garantizar ni ante Europa ni ante los inversores que cumplirá lo comprometido. Sencillamente porque, como cualquiera puede comprobar con sólo abrir los periódicos, a lo mejor resulta que las autonomías no se dejan.
Los manguerazos de euros suministrados por la Administración para evitar que comunidades hoy levantiscas dejaran de pagar sus nóminas, como ha ocurrido en junio con Andalucía, no computan aquí en términos de obligaciones recíprocas. Aquí lo que computa es lo de la invasión de competencias. Así nos va.