lunes, 23 de julio de 2012

"El gran sacrificio". Carlos Cuesta en EL MUNDO

ALEMANIA NO cede. El BCE no nos da dinero. Los malvados mercados no perdonan. ¿Es que no ven nuestro sacrificio?
Déjenme que responda a esta cansina letanía con un evidente no. Porque nuestro sufrimiento, exactamente igual que a nosotros el suyo, no les importa lo más mínimo. Porque nadie financia a nadie por lástima, sino por el deseo de un beneficio. Y porque resulta patético que nuestro último recurso sea el victimismo argentino.
Nuestro sacrificio, plasmado en una sangría de impuestos de 34.419 millones a una población machacada por el paro, mientras la Administración limita a 27.000 millones su recorte, es nuestro problema. No el del resto. Y lo es porque nuestros gobernantes han convertido en líneas rojas las verdaderas partidas de gasto: el esquema territorial, la invasión política en la economía y el supuesto Estado del Bienestar.
No ha sido Alemania quien ha dotado un fondo de 18.000 millones para las autonomías tras exigir a las regiones un recorte de idéntica cuantía. Ni ha sido Finlandia quien ha decidido mantener la farsa de la sostenibilidad de las pensiones inyectando 6.683 millones procedentes de impuestos para esconder la quiebra del sistema. Ni ha sido el BCE quien ha preferido elevar el pago de intereses en 9.114 millones, antes que amoldar las prestaciones políticas, sanitarias y sociales a la realidad de nuestros recursos.
¿Cómo podemos quejarnos cuando ni un Parlamento ha recortado el número de políticos, cuando no se ha despedido a un funcionario, ni cerrado un aeropuerto, ni una televisión pública, ni el Senado, ni un hospital, ni se han agrupado colegios, ni se han integrado municipios, ni se ha vendido un sólo inmueble público.
No pidamos dinero. Pidamos valor: a nuestros políticos y a nosotros mismos. Valor para construir una sociedad donde el trabajo se premie y la vagancia se castigue. Y si no tenemos valor, al menos dejemos de dar pena llorando en público.










jueves, 19 de julio de 2012

"Irás y no volverás" de Victoria Prego


Las costuras del Estado de las Autonomías estallan por todas partes ahora que se ha acabado definitivamente el dinero con el que regar la molicie en la que hemos estado viviendo.
Lo que ha hecho el presidente de la Generalitat ha sido llamar a la rebelión. Ha invitado a todos los dirigentes autonómicos a pararle los pies al Gobierno, a resistirse a las medidas dictadas desde Madrid, a no aplicarlas o a paralizar sus decisiones recurriéndolas ante el Tribunal Constitucional con el argumento de que invaden sus competencias.
Y lo ha hecho porque puede, porque en esta España descoyuntada es perfectamente posible traducir en hechos una convocatoria de esta naturaleza. Esa es la realidad en la que tiene que actuar un Gobierno español -éste o cualquiera- que puede tener una sólida mayoría parlamentaria pero nunca llegará a tener en sus manos las riendas del país.
En lo dicho ayer por Artur Mas en el parlamento catalán está la clave de la profunda debilidad de esta distribución del poder político que, legislatura tras legislatura, hemos ido considerando lo propio de una democracia tan avanzada y tan requetemoderna como la nuestra.
Un modelo por definición inacabable, el adjetivo que tantas satisfacciones ha proporcionado a los sacerdotes de la descentralización infinita, a las vestales de la cesión de competencias por la vía de irás y no volverás, a los adoradores de una supuesta dignidad política que, sin que nadie se haya atrevido durante años a discutir tal dogma, sólo podía mantenerse viva si era alimentada a base de autonomía y más autonomía. Cuanta más mejor.
Y este es el resultado: no sólo está Cataluña con sus amenazas. Está también Andalucía, que ha decidido no bajar el sueldo a sus funcionarios porque ya les tiene que quitar una paga extra. Y está Asturias, y el País Vasco, y Canarias, que pondrán unas medidas en marcha y otras no, según les cuadre. Y están algunas del PP, que también se han revuelto contra el Gobierno aunque no han llegado a desobedecerle.
Esta es la España real, la que se ve desde los mercados y desde los centros de poder de la UE. Es un paisaje nacional atravesado de grietas. Con esa fotografía, es de ilusos exigir confianza a los demás. No damos motivo.
Y lo grave no es que se critiquen las decisiones del Gobierno. Razones hay de sobra para hacerlo, por sus torpezas, sus descuadres clamorosos como el de hoy, y sus nulos resultados.
Lo grave es que, por acertadas que éstas fueran, España no puede garantizar ni ante Europa ni ante los inversores que cumplirá lo comprometido. Sencillamente porque, como cualquiera puede comprobar con sólo abrir los periódicos, a lo mejor resulta que las autonomías no se dejan.
Los manguerazos de euros suministrados por la Administración para evitar que comunidades hoy levantiscas dejaran de pagar sus nóminas, como ha ocurrido en junio con Andalucía, no computan aquí en términos de obligaciones recíprocas. Aquí lo que computa es lo de la invasión de competencias. Así nos va.


martes, 17 de julio de 2012

Emocional



·                                 LUCÍA MÉNDEZ
·             LUCÍA MÉNDEZ: Emocional

·                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    Desde que Daniel Goleman publicara en 1995 el libro Inteligencia emocional, no hay escuela de negocios, empresa o colegio en el que falten estudios sobre la materia. El concepto ha ido evolucionando, aunque la base sigue siendo la misma: el coeficiente intelectual no es suficiente para manejar la vida. Es necesario saber administrar las emociones propias y aprender a ponerse en la piel de los demás. Es decir, que además de saber mucho sobre leyes, economía o informática, hay que saber cómo tratar a la gente.
Ha llegado, pues, el momento de que el presidente y todos los dirigentes del PP se apliquen a practicar el concepto de inteligencia emocional. Puede que hasta el momento lo hayan considerado una tontería más del pensamiento débil, pero ahora les es imprescindible para enfrentarse al sentimiento de frustración y angustia de la calle. La mayoría de los ministros tienen un coeficiente intelectual elevado y son personas de mérito. Pero eso ahora no les basta. Una vez que Rajoy ha pasado por el trago de reconocer delante de todos los españoles sus frustraciones y hasta su angustia por no tener el remedio de nuestros males, lo que necesita no es un asesor político, sino un spin doctor en inteligencia emocional. Y sus ministros necesitan ponerse en la piel de los perjudicados por sus leyes, además de empatizar mucho con el sufrimiento del presidente, que eso lo hacen muy bien.
El Gobierno tiene que aprender a manejar el enfado de las peluqueras, los taxistas, los empresarios, los funcionarios, los profesores, los médicos, los profesionales y las señoras de la limpieza de los ministerios. En suma, de todos aquellos que levantan la persiana todos los días para que España siga funcionando a pesar de la prima de riesgo y del Bundesbank.
No todos los ministros están igual de preparados para poner en práctica las enseñanzas de la inteligencia emocional. A Luis de Guindos, por ejemplo, le va a costar más porque viene del mundo del dinero, que como vemos a diario tiene el coeficiente emocional en números rojos. Pero la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría sí aplicó la empatía en la rueda de prensa posterior al último Consejo de Ministros. Sin citar a Churchill -cosa que le agradecemos porque lo de sangre, sudor y lágrimas ya cansa un poco-, encontró el tono adecuado para explicar que la situación es dramática y el Gobierno tiene que buscar dinero hasta debajo de las piedras. Sólo le faltó obligar a sus colegas de Economía y Hacienda a informar a los españoles en español y no en inglés al día siguiente. La razón por la que el Gobierno comete estos errores de bulto es un arcano. ¿Qué le costaría informar de todo lo que aprueba con transparencia? Si al final todo se sabe…
Al presidente le va a costar algo más porque la única inteligencia que valora es la que conduce a aprobar unas oposiciones. Sin embargo, existen investigaciones universitarias que demuestran que el éxito de las personas se debe en un 25% a las capacidades intelectuales y un 75% a las aptitudes emocionales.

jueves, 12 de julio de 2012

El PSOE es un problema



Duras críticas en el PSOE a Rubalcaba por su conformismo con los recortes


Nadie entendió, en una gran parte del PSOE, la primera intervención de ayer de Alfredo Pérez Rubalcaba. No se explican que ante el anuncio del presidente del Gobierno de un nuevo y durísimo ajuste, el líder socialista se limitara a hacer un balance del Ejecutivo, aplaudiendo los acuerdos europeos y proponiendo un pacto.
En el PSOE saltaron chispas internas y, entre bromas, algunos pedían: «¡Primarias ya!». Y hay adeptos.
El líder socialista parece seguir la consigna que enunció el martes uno de sus mentores, Felipe González, cuando afirmó que el PSOE «debe hacer la oposición como si no quisiera gobernar».
Esa idea parecía ser el hilo conductor del discurso inicial de Alfredo Pérez Rubalcaba en el primer cara a a cara de esta legislatura con el presidente del Gobierno.
El líder socialista intentó un Debate del estado de la Nación de seis meses, cuando el Ejecutivo anunció el mayor recorte presupuestario en la etapa democrática.
Así, Rubalcaba empezó apoyando a Mariano Rajoy en Europa y terminó proponiéndole un pacto de ajuste y crecimiento. Entremedias, un resumen de sus discursos políticos de los últimos seis meses, con el mensaje tan inocuo como acertado: yo tenía razón.
Los socialistas, hasta los más cercanos, no daban crédito. El Grupo Socialista, muy activo cuando Mariano Rajoy anunció los recortes, se desinfló como un globo.
Cuando el presidente del Congreso, Jesús Posada, llamó la atención al líder socialista porque se le acababa el tiempo, se acordó de que Rajoy había puesto, blanco sobre negro, un recorte brutal a pensionistas, parados, funcionarios, recortar las prestaciones por desempleo, la subida del IVA, acelerar la reforma de las jubilaciones y etcétera.
Rubalcaba se limitó a decir que el Gobierno se equivocaba en la subida del IVA, que tampoco compartía rebajar el subsidio de desempleo y que apoyaba el impuesto ecológico y la subida del tabaco y el alcohol. Y luego, insistió en la subida impositiva a las grandes fortunas como la medida estrella para recaudar más.
El PSOE estaba más hundido que el 10 de mayo de 2010, y el PP encantado de una oposición tan útil, responsable y comedida, y con tanto afán de Estado.
En las filas del PSOE se intentaba explicar, sin mucha convicción, la actitud del líder socialista. «Ha denunciado los errores del Gobierno en estos seis meses, ha explicado en lo que no estábamos de acuerdo; para las otras medidas habrá tiempo para debatir», decía la vicesecretaria general del PSOE, Elena Valenciano.
En la réplica, Rubalcaba agradó más a los suyos e hizo un discurso más pegado a las sensaciones que están en el PSOE.
Pidió al Gobierno que no suba el IVA «porque, además de injusto, los ciudadanos ya no pueden pagar más». Levantó los primeros aplausos entre sus diputados.
Luego, en cinco rápidos minutos, indicó que los culpables de la crisis no pueden ser los «pensionistas, los desempleados, los funcionarios». Y volvió a despertar aplausos entre los suyos. Se redimió en parte, pero Rubalcaba salió ayer muy tocado del debate que tanto ansiaba, al menos frente a sus filas.
Los que opinan en el PSOE que hay que hacer otra oposición se crecieron, los que creen que menos «hombre de Estado» y más desmarcarse del Ejecutivo se dieron la razón a sí mismos, y los que piensan que el PSOE de esta manera no va a ningún sitio se reafirmaron. Un dirigente socialista indicó a este diario que no se entiende que, ante un recorte tan brutal, el PSOE proponga un pacto y sea tan condescendiente.
No pocos son los que piensan que Rubalcaba, ayer, aceleró las disputas que, más pronto que tarde, se van a poner en acción en el PSOE. El otoño va a ser caliente para el Gobierno y la oposición.

miércoles, 11 de julio de 2012

David Gistau-Miguel Ángel Blanco


·                                 DAVID GISTAU
·                                 11/07/2012

La primera conciencia

Es raro que alguien se despierte por la mañana y sienta ganas de ser sociedad civil. A este cronista le ha ocurrido solamente dos veces en la vida: el 11 de marzo de 2004 y el 12 de julio de 1997.
El asesinato de Miguel Ángel Blanco, con el país entero clavado ante el televisor como si Armstrong fuera a caminar por la Luna, fue el primer acontecimiento de la vida pública por el que uno se sintió transformado. Una epifanía, si quieren. Antes de esa fecha espantosa, nada de lo que había ocurrido a mi alrededor me había obligado a revisar ciertas resoluciones misántropas, esteparias, las típicas que confluyen en el esnob que se prohíbe a sí mismo sentir o pensar lo mismo que su sociedad. Hasta fui a la manifestación.
Aquella bofetada despertó una conciencia comunitaria -la de las manos blancas, perdonadme- que tampoco conservó el arrojo durante mucho tiempo. En ese sentido, no soy sino una coincidencia generacional. Pensado en frío, lo asombroso es que sólo a raíz de aquel crimen fuéramos capaces de levantarnos por la mañana con vocación de sociedad civil. Porque ETA había dado motivos mucho antes, empezando por la crueldad repugnante del atentado de Irene Villa, esa mujer que sigue representando el triunfo de la vida sobre la maldad. Los cristales de mi casa temblaron con la bomba de República Dominicana, luego vi un cuerpo tapado en el paso elevado de López de Hoyos, pero eran hombres de uniforme, tragedias siempre matizadas por diversas perversiones intelectuales y por la cobardía en general.
En cualquier caso, Ermua nos atornilló a ciertas certezas sencillas que impulsaron el advenimiento de nuestra conciencia. Casi las añoro. Porque ahora, disuelto aquel impulso colectivo, intoxicados por los muñidores de la falsa paz, hemos alcanzado un momento tan confuso que el periodismo de progreso y ETA coinciden en su visión de las cosas y hasta en la elección de los adjetivos. Ambos llaman «vengativas» a las víctimas que aún creen en esa estúpida convención que nos dimos entonces, la justicia.




Legislar tarde tiene consecuencias.


CTORIA PREGO
11/07/2012

La tardanza es la condena


Hemos tardado tanto tiempo en reaccionar que ahora nuestra tardanza se ha vuelto contra nosotros. El fallo del Tribunal de Derechos Humanos puso ayer de manifiesto lo que, siendo una pura obviedad, nos recuerda hasta qué punto España es hoy, una vez más, víctima de sí misma.
Dice el Tribunal de Estrasburgo que «los Estados son libres para modificar su política criminal, especialmente para reforzar la represión de los crímenes y delitos». Añade otras consideraciones, también muy obvias, pero lo que interesa aquí es destacar esa primera parte del párrafo porque precisamente ahí ha estado nuestro principal error.
España se ha pasado 22 largos años sin modificar ni una coma de una política criminal que databa de los tiempos del franquismo, cuando el terrorismo era una amenaza del todo inimaginable para el régimen y cuando los castigos estaban pensados para los delitos políticos o los delitos sociales.
Nuestros dirigentes han necesitado todo ese tiempo antes de caer en la cuenta de que, a una banda criminal organizada que hace de la muerte su razón de existir, había que aplicarle criterios específicos, distintos y menos benevolentes, que los que se aplican a los delincuentes comunes.
A pesar de haber vivido constantemente azotados por los ataques sangrientos de la banda, los sucesivos gobiernos aguantaron 22 años impávidos, sin atreverse a modificar el Código Penal de 1973. Veintidos años en los que la banda terrorista desplegó su mayor y más intensa actividad. Veintidos años durante los cuales los grandes asesinos de ETA cometieron sus crímenes.
Y algo peor aún, teniendo en cuenta la obligación que todo Estado tiene de defenderse de quienes pretenden destruirlo: después de haber acabado en 1995 con la aplicación automática de unas redenciones de penas que estaban pensadas para delincuentes, digamos, humanizables, hubo que esperar hasta 2003 para que el Gobierno lograra aumentar a 40 años la pena máxima que podría imponerse a los terroristas.
Para entonces los presos etarras se estaban acogiendo masivamente a las medidas que, aplicadas sobre la pena máxima de 30 años, les permitían recuperar la libertad a los 20. Eso fue lo que en 2006 quiso cortar de raiz la aplicación de la doctrina Parot, cuya retroactividad ha sido descalificada en Estrasburgo.
Una reforma a tiempo nos habría ahorrado el terrible sarcasmo de tener que contemplar cómo a los asesinos múltiples, que han vivido para matar y para ordenar matar, a partir de los dos primeros crímenes, los demás les van a salir, penalmente hablando, gratis total.

lunes, 9 de julio de 2012

El Precio de la Paz (Victoria Priego)


 

El precio de la paz

Cualquiera diría que la vida política ha dejado de existir o se ha congelado en España. Y sólo en parte es verdad. Porque los medios de comunicación abren a todo trapo con los datos de la prima de riesgo o las posiciones de la Comisión Europea, pero en quinto o sexto lugar de las noticias aparecen informaciones con enorme carga política para el futuro.
Este viernes se publicaron las previsiones electorales en el País Vasco. La última oleada del Euskobarómetro, que dirige el profesor Francisco Llera, confirma lo que lleva mucho tiempo mostrando: que la apuesta constitucionalista en Euskadi ha fracasado. Y que no va a recuperarse de su fracaso. Así de claro.
Después de que ETA anunciara que dejaba de asesinar, aunque no se haya disuelto; después de que el Constitucional legalizara Bildu y, hace nada, legalizara también Sortu, el futuro panorama político vasco está clarísimo.
La apuesta nacionalista ganará por goleada. El PNV recuperará el poder y no lo volverá a perder a mano de los no nacionalistas.
La posibilidad de que Urkullu presida el Gobierno vasco y cuente con el apoyo de la nueva coalición proetarra está ahí. Sumarían no menos de 45 escaños, cuando la mayoría absoluta en su Parlamento está en 38. Podría también contar con el apoyo del PSE, pero no por eso los peneuvistas dejarían de estar controlados y presionados por los radicales.
La traducción política de cualquiera de las dos variables es que la opción independentista va a cobrar fuerza renovada.
Y esto se va a producir mientras la banda terrorista sigue en activo, todo lo débil que se quiera, pero con las armas en la mano. Lo que va a hacer ETA después de las elecciones vascas será actuar de garante de la acción de Bildu y sus aliados.
Ahora que no hay muertes, se disponen a recoger la cosecha electoral de 30 años de asesinatos, de extorsiones y de amenazas. Con la conformidad, por cierto, de una sociedad que está dispuesta a transigir en casi todo porque no tiene más obsesión que la de poder vivir, por fin, en paz. Al precio que sea.
También se disponen a recoger la cosecha de 30 años de una educación radicalmente nacionalista que ha inoculado en los jóvenes el desprecio o el odio a España.
Una educación que se ha llevado a cabo ante la pasividad y dejación del Estado central, que siempre tuvo el temor reverencial a disputarle esa primogenitura al PNV. Pero lo que ha sucedido es que la criatura salida de tres décadas de adoctrinamiento se le ha ido de las manos al tutor peneuvista.
El resultado hoy, según los datos que manejan los expertos, es que la inmensa mayoría de los jóvenes vascos está desde hace mucho tiempo inexorablemente perdida para la causa española. Y que hoy es una juventud más próxima a las tesis de Batasuna que a las del PNV. Alejada, por lo tanto, de las posiciones del PSOE y no digamos ya de las del PP.
Éstos son los jóvenes que ocuparán los puestos de dirección económica y política en el País Vasco en muy pocos años. No es difícil adivinar en qué dirección van a caminar.
Con este panorama, alentado con vehemencia por los prelados de la Iglesia católica, que no han empezado a cambiar su discurso hasta hace apenas dos años, no se puede más que repetir lo que se ha dicho al comienzo de este artículo: la apuesta constitucionalista ha fracasado en el País Vasco.
Pero no sólo porque el pacto PSE-PP no tenga la menor posibilidad de reeditarse tras las próximas elecciones. También porque la tendencia de la sociedad vasca del futuro estará muy lejos de una mínima relación de afecto o lealtad con la idea de España.
La traducción política de lo dicho está clara. El líder del PNV, Iñigo Urkullu, ya ha anunciado que en 2015 se va a refrendar un nuevo estatus político para el País Vasco bajo el lema Euskadi, Nación Europea.
Al PNV le quedan muy pocos meses para recuperar el gobierno que perdió hace cuatro años y apuesta por que se reconozca la «realidad nacional» del País Vasco, y su «derecho a decidir en libertad su futuro». Traducido: un referéndum de autodeterminación y una independencia a la medida de sus intereses. Un nuevo Plan Ibarretxe, pero con más escaños.
Seguramente Batasuna intentará fagocitar al PNV en ese camino independentista. El PNV se resistirá a ser devorado pero nunca lo hará retrocediendo hacia posiciones autonomistas sino avanzando en dirección contraria.
Puede que el Partido Socialista entre a participar en ese juego nacionalista. Los de Patxi López lo llamarán quizá «reforma del Estatuto», pero los de Bildu querrán colar ahí todo lo que intentaron y no consiguieron en las últimas negociaciones con el PSOE de Zapatero: el contenido de los acuerdos de Loyola.
El PSE, que ha gobernado esta legislatura gracias al apoyo del PP, se va a dar un gran batacazo, según los sondeos. Merecido.
Su estrategia en favor de la legalización de Bildu y de la flexibilización de la política hacia los presos etarras ha convertido a los radicales en los hombres buenos del momento. Los que, con la ayuda del PSE, traerán la paz. La legalización de Bildu y Sortu por el Tribunal Constitucional ha sido reivindicada como un éxito propio por los socialistas vascos.
Pudiera ser incluso que, antes de las elecciones, ETA hiciera una nueva declaración que diera aún más posibilidades electorales a los suyos. Eso lo intentaría capitalizar el PSOE como un logro suyo e intentaría a partir de ahí ganar votos. Pero en ningún caso el «lehendakari de la paz» volverá a gobernar.
Y luego está el PP, que se va a quedar como el único testimonio de la defensa del Estatuto de Guernica y de la unidad de España.
Ya no tendrá que combatir el terrorismo. Pero tendrá que combatir el soberanismo. Su primera esperanza segura es ganar en Álava y romper por ahí las pretensiones secesionistas. Y su segunda esperanza, ésta más dudosa, es que puedan volver a votar en su tierra quienes tuvieron que salir del País Vasco víctimas de la presión y el miedo; que se pueda recuperar el censo electoral auténtico, el que los terroristas consiguieron alterar durante décadas a base de sangre. Y no hay más.
Por debajo de la prima de riesgo y de las decisiones de la UE están pasando cosas como ésta en la vida política española.
victoria.prego@elmundo.es

Recordando a Miguel Ángel Blanco

Editorial de EL MUNDO
Un crimen abyecto que los abertzales siguen sin condenar
MAÑANA se cumple el XV aniversario de un día que millones de españoles tienen grabado en su memoria: el secuestro de Miguel Ángel Blanco, el joven concejal del PP en la localidad de Ermua. No es exagerado decir que España entera se movilizó espontáneamente para intentar evitar el crimen que se llevó a cabo 48 horas después.
«Fue un asesinato a cámara lenta», recuerda hoy en nuestas páginas, Jaime Mayor Oreja, entonces ministro del Interior, que sostiene que la muerte de Blanco fue una venganza de ETA por la liberación de Ortega Lara. Así fue. La banda estaba frustrada por aquel gran éxito policial y necesitaba dar un golpe de autoridad. Por eso, secuestró y asesinó a Miguel Ángel Blanco, manteniendo en vilo a sus familiares y a la sociedad española durante aquellas fatídicas 48 horas.
La persona que le disparó dos tiros en la cabeza a Blanco, mientras estaba de rodillas con las manos atadas con un cable, es García Gaztelu, Txapote, ex jefe de los comandos de ETA, que ahora es uno de los líderes del movimiento de presos que sigue fiel a la disciplina de la banda. Txapote no se ha arrepentido ni ha pedido perdón, como afirma hoy en nuestras páginas el padre de Miguel Ángel Blanco. Cientos de presos de la banda mantienen la misma actitud. Y lo que es peor, la izquierda abertzale que está cobijada bajo las siglas de Bildu, Amaiur y Sortu sigue sin repudiar a ETA, se niega a pedir que entregue las armas y mantiene un infame silencio incluso respecto a un hecho tan abyecto como el asesinato de aquel joven concejal.
Lo manifestaba claramente la pasada semana Laura Mintegi, la candidata de la izquierda abertzale a las próximas elecciones autonómicas, cuando afirmaba que la disolución de ETA no sería un avance en «el proceso de paz».
Los seguidores de ETA y Batasuna dicen ahora que aceptan las vías políticas pero se niegan a condenar los 800 asesinatos de la banda que intentan presentar como una especie de daño colateral en su ruta hacia la independencia. No solamente eso, pretenden hacernos creer que los matones de ETA fueron héroes que lucharon por la libertad de los vascos.
Ello pone de relieve el grave error que ha sido la permisividad de la democracia al dejar a la izquierda abertzale concurrir a las elecciones municipales y nacionales y, más tarde, la legalización de Sortu y Bildu sin la más mínima autocrítica o muestra de arrepentimiento sobre los crímenes de la banda.
Según el último Euskobarómetro, EH Bildu podría ser la segunda formación más votada en las próximas elecciones vascas. No parece posible que tenga posibilidades de gobernar a corto plazo, pero esta opción independentista va ganando terreno. Ayer presentó un programa lleno de delirantes fantasías identitarias como la creación de un orwelliano Ministerio de Soberanía Alimentaria. Hoy es un brindis al sol, pero la izquierda abertzale va construyendo paso a paso el escenario estratégico que había diseñado la organización terrorista en los papeles incautados por las Fuerzas de Seguridad del Estado.
La pesadilla puede hacerse realidad algún día si no hay una firme reacción social y política -como la que hubo hace 15 años- contra un grupo que se aprovecha de la ingenuidad de la democracia para destruirla.

sábado, 7 de julio de 2012

González pide (ahora) al PSOE que dé la cara contra la corrupción

·                            SARA POLO EL ESCORIAL (MADRID) ESPECIAL PARA EL MUNDO

El ex presidente del Gobierno Felipe González pidió ayer a los partidos, haciendo alusión también al PSOE, que no miren «para otro lado» en la investigación de los procesos de corrupción en marcha o «a punto de iniciarse», «no vaya a ser que empiece a aflorar dinero de la tía, de la madre y nadie pregunte de dónde viene ese dinero».
González, que realizó estas declaraciones durante su intervención en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid, no se refirió a ningún caso en particular, pero tampoco eximió a su propio partido de su deseo. «Sé que esto va a sonar mal, pero se lo pediría hasta a mi partido: que hicieran una excepción en ese mirar para otro lado que han decidido (...) sobre los casos de corrupción que están en marcha o que están a punto de iniciarse», afirmó.
En todo proceso de investigación, sucede una cosa, argumentó: «Descubres una parte, pero hay otra parte que no descubres y si sigue la investigación descubres más». E insistió en que, si se mira «para otro lado», «los mal pensados» (como él, dijo), «piensan que se está cubriendo una parte de esa investigación inevitable para que no sea impune la corrupción en España».
El ex presidente hizo referencia, en conversación con los medios antes de comenzar su ponencia, a la imputación de la cúpula directiva de Bankia. «Me parece que se han cometido algunos errores del Gobierno, y el error fundamental es prohibir que comparezcan los que tienen que comparecer en el Parlamento a explicarlo», afirmó. «Lo que está pasando en Gran Bretaña, eso sí me da envidia», apuntó, en referencia al anuncio del premier británico, David Cameron, este lunes de la creación de una comisión parlamentaria para la investigación del sector bancario, tras el escándalo de Baklays.
La conferencia que ofrecía González giraba en torno a los recortes en los servicios públicos, le que dio pie a criticar la manera de actuar del Gobierno que, según él, «vende independencia» pero en realidad está supeditado a los mandatos europeos. «Me llama la atención escuchar al ministro de Economía anunciar reformas para la semana que viene, tras la cumbre del Ecofin, al tiempo que se nos dice que tomamos decisiones autónomamente», declaró, y añadió: «Deberían disimular, como disimula Monti».
Además, criticó duramente la construcción del complejo de ocio Eurovegas. «El señor ese quiere cambiar la legislación para convertir a Madrid, o a quien le toque, en un puticlub», espetó, y apostilló: «Le vamos a cambiar la política fiscal y la política antitabaco». «¿Vamos a confiar en la recuperación de la economía y del empleo a operaciones de esta naturaleza?», se preguntó, y afirmó: «Tenemos que tenernos respeto».
Por otra parte, el secretario general de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, aplaudió ayer la iniciativa de Unión, Progreso y Democracia (UPyD) de haber presentado una querella contra los ex responsables de Bankia -que fue admitida a trámite por la Audiencia Nacional- y pronosticó que también el ex presidente de Caja Madrid Miguel Blesa «terminará imputado», porque «gran parte de los problemas [de la entidad] provienen de su época».

Lucía Méndez: El lamento trágico del coro de Bankia



·                            LUCÍA MÉNDEZ
·                            07/07/2012

El lamento trágico del coro de Bankia


LA CRISIS no ha acabado todavía con el Festival de Teatro Clásico de Mérida, donde este fin de semana se representa Hélade, una obra emocionante que conecta la antigüedad clásica con la globalización. Figuras gigantescas de la escena española, como Lluís Homar, Concha Velasco, José María Pou y Maribel Verdú interpretan textos de los clásicos griegos. El director, Joan Ollé, ha resumido su obra de teatro con brillante sencillez. «Hélade trata del pueblo griego, un pueblo que va de gira por el mundo explicando que ahora es pobre, pero que antes fue el más rico del mundo y al que le debemos parte de lo que somos».
Si se pudiera llevar a las tablas el interior del PP saldría una obra parecida. Desde que estalló Bankia, el Gobierno ha visto cosas increíbles. La última, esta misma semana. La justicia persigue a Rodrigo Rato -el gran líder frustrado- y a Ángel Acebes, el ex secretario general. Dos hombres fundamentales en el proyecto y en el Gobierno de José María Aznar. Usando textos de Sófocles, el coro de Edipo Rey podría cantar: «Habitantes de Tebas, compatriotas, mirad. Ese Edipo, que resolvió los famosos enigmas y era un hombre poderosísimo cuya fortuna todos los ciudadanos mirábais con envidia, ha caido en un oleaje de terrible desgracia». O el de Las Coéforas de Esquilo se lamentaría: «Triunfar: éste es entre todos los hombres un dios y más que un dios. Mas el peso de la justicia alcanza rápidamente a unos en pleno día, para otros reserva penas en la hora del crepúsculo, y a otros los coge en la noche sin fin».
En el teatro clasico español también podemos encontrar textos adecuados a la situación. Rodrigo Rato, el desdichado protagonista de la obra a quien sus compañeros de partido intentan consolar sin mucho éxito, bien recitaría los versos de Calderón en La vida es sueño. «Yo sueño que estoy aquí, destas prisiones cargado; y soñé que en otro estado más lisonjero me vi. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son». El sueño de Bankia acabó en una pesadilla a la que no se le ve el final. Se equivocó el Gobierno si pensó que nadie iba a tener que pagar por los pecados cometidos. La sociedad exige un escarmiento y los jueces lo saben.