jueves, 12 de julio de 2012

El PSOE es un problema



Duras críticas en el PSOE a Rubalcaba por su conformismo con los recortes


Nadie entendió, en una gran parte del PSOE, la primera intervención de ayer de Alfredo Pérez Rubalcaba. No se explican que ante el anuncio del presidente del Gobierno de un nuevo y durísimo ajuste, el líder socialista se limitara a hacer un balance del Ejecutivo, aplaudiendo los acuerdos europeos y proponiendo un pacto.
En el PSOE saltaron chispas internas y, entre bromas, algunos pedían: «¡Primarias ya!». Y hay adeptos.
El líder socialista parece seguir la consigna que enunció el martes uno de sus mentores, Felipe González, cuando afirmó que el PSOE «debe hacer la oposición como si no quisiera gobernar».
Esa idea parecía ser el hilo conductor del discurso inicial de Alfredo Pérez Rubalcaba en el primer cara a a cara de esta legislatura con el presidente del Gobierno.
El líder socialista intentó un Debate del estado de la Nación de seis meses, cuando el Ejecutivo anunció el mayor recorte presupuestario en la etapa democrática.
Así, Rubalcaba empezó apoyando a Mariano Rajoy en Europa y terminó proponiéndole un pacto de ajuste y crecimiento. Entremedias, un resumen de sus discursos políticos de los últimos seis meses, con el mensaje tan inocuo como acertado: yo tenía razón.
Los socialistas, hasta los más cercanos, no daban crédito. El Grupo Socialista, muy activo cuando Mariano Rajoy anunció los recortes, se desinfló como un globo.
Cuando el presidente del Congreso, Jesús Posada, llamó la atención al líder socialista porque se le acababa el tiempo, se acordó de que Rajoy había puesto, blanco sobre negro, un recorte brutal a pensionistas, parados, funcionarios, recortar las prestaciones por desempleo, la subida del IVA, acelerar la reforma de las jubilaciones y etcétera.
Rubalcaba se limitó a decir que el Gobierno se equivocaba en la subida del IVA, que tampoco compartía rebajar el subsidio de desempleo y que apoyaba el impuesto ecológico y la subida del tabaco y el alcohol. Y luego, insistió en la subida impositiva a las grandes fortunas como la medida estrella para recaudar más.
El PSOE estaba más hundido que el 10 de mayo de 2010, y el PP encantado de una oposición tan útil, responsable y comedida, y con tanto afán de Estado.
En las filas del PSOE se intentaba explicar, sin mucha convicción, la actitud del líder socialista. «Ha denunciado los errores del Gobierno en estos seis meses, ha explicado en lo que no estábamos de acuerdo; para las otras medidas habrá tiempo para debatir», decía la vicesecretaria general del PSOE, Elena Valenciano.
En la réplica, Rubalcaba agradó más a los suyos e hizo un discurso más pegado a las sensaciones que están en el PSOE.
Pidió al Gobierno que no suba el IVA «porque, además de injusto, los ciudadanos ya no pueden pagar más». Levantó los primeros aplausos entre sus diputados.
Luego, en cinco rápidos minutos, indicó que los culpables de la crisis no pueden ser los «pensionistas, los desempleados, los funcionarios». Y volvió a despertar aplausos entre los suyos. Se redimió en parte, pero Rubalcaba salió ayer muy tocado del debate que tanto ansiaba, al menos frente a sus filas.
Los que opinan en el PSOE que hay que hacer otra oposición se crecieron, los que creen que menos «hombre de Estado» y más desmarcarse del Ejecutivo se dieron la razón a sí mismos, y los que piensan que el PSOE de esta manera no va a ningún sitio se reafirmaron. Un dirigente socialista indicó a este diario que no se entiende que, ante un recorte tan brutal, el PSOE proponga un pacto y sea tan condescendiente.
No pocos son los que piensan que Rubalcaba, ayer, aceleró las disputas que, más pronto que tarde, se van a poner en acción en el PSOE. El otoño va a ser caliente para el Gobierno y la oposición.

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